martes, 26 de julio de 2016

La musique

Soy de aquellos que creen que, la música debe de resonar hasta los tímpanos con una claridad que haga distinguir hasta a la más diminuta nota musical.

De aquellos que creen, que ese retumbar en los tímpanos tiene que llegar hasta el mismo cerebro para que se ericen los bellos de la piel, se haga un nudo en la garganta y los ojos sientan la necesidad de sacar lagrimas de emoción… o de tristeza. 

Que la boca sienta ganas de cantar, de gritar descontroladamente.

Que la música no pare, pues.

domingo, 17 de enero de 2016

En cualquier momento


Un nueve de Enero de año Dos mil diez y seis.

Quizá no vale tanto la pena escribir. A lo mejor solo lo hago para mí, para guardarlo y leerlo en un después. A lo mejor eso es, que estoy solo en el mundo y que todas las personas a mi alrededor en realidad son reflejos absurdos de mí; miles de millones de reflejos absurdos de mí, en sus múltiples y posibles formas que pueden ser.

Hay veces en que siento como si escribiera en una bitácora espacial, para que, aquel que encuentre mis escritos sepa como vivió este señor en la soledad del espacio y acechado por seres que no existen. ¿Cómo le explico a alguien que no conozco lo que representa este infinito espacio de soledad en la que me encuentro?

(Todo es simple creación de mi mente)

Son muchas las veces en que he dejado de creer en la posibilidad de la inmortalidad, volviéndome un simple ser más, viviendo para morir de una manera sencilla, sin llamar la atención. No es que todo esto sea lo inmediato contrario a la inmortalidad, buscar una muerte heroica, escandalosa que nos vuelva mártires de una noble y justa causa. He dejado de creer en todo eso…

¿No te da en ocasiones esas ganas de abandonar todo y largarte solo y únicamente con lo más indispensable sin un rumbo fijo, sin un lugar donde quedarse, sin saber nada más que de ti mismo?

Todo se resume y lo poco o nada importante que se vuelve todo a tu alrededor. Eso, donde te importa poco que se incendie el de a lado, que roben esto, que maten aquello. Todo se reduce a esa poca importancia que le comienzas a dar a todo, porque llegó ante ti una pregunta que desplomó lo cimientos de todo en lo que creías, ¿Qué tanto vale la pena luchar por ella, por ellos, por todos?

Hoy, que fue ayer y antier, escribo en mi bitácora espacial la poca y nada de importancia que causa ahora todo lo que antes me movía. Siento que en cualquier momento debo de largarme... sin decir más.


martes, 22 de diciembre de 2015

Perspectivas distintas sobre la peatonalización



“Caminar mirando de aparador en aparador 

es algo así como deambular de identidad potencial a identidad potencial”.

Williamson, 1986 [1]

Caminar representa para la humanidad sus raíces, marca la diferencia con otros seres porque nosotros andamos erguidos en dos pies por el mundo, por la ciudad, por las calles. Caminar representa la primera forma de llegar de un lugar a otro, nos proyecta toda una historia detrás de nosotros que nos recuerda ese gusto por migrar de un destino a otro y en un instante simplemente detenernos y elegir ese lugar que nos gustó para quedarnos.
Caminar representa nuestra evolución, nuestra vida diaria, nuestro ir y venir cada día de nuestra existencia. Caminar simboliza nuestro retorno a las raíces; curioso, que las raíces y los pies comienzan en el suelo, solo que las raíces no caminan. Eso es caminar.
Existen calles peatonales hechas con la mejor intención, pero el tiempo ha ido acabando con ese buen deseo y con ello los comercios locales que muchas veces muestran lo representativo de las tradiciones en la ciudad donde se encuentran. Caminar por una calle peatonal cualquiera y tropezar con que ahí donde estaba una librería ahora se encuentra un Wings Army, que a una cuadra de allí cerró un fotógrafo local para abrir otra franquicia. A unos metros había una nevería donde hacían la nieve en garrafas de metal y ahora está cerrado para darle paso a un Subway. Una mueblería local que cerró y en su lugar abrió un Sears, una tienda donde una señora vendía vestidos para las señoritas que iban a fiestas de quince años o a su graduación y en su lugar ahora se encuentra una franquicia de tés. Una peluquería también cerró y en su lugar abrió sus puertas un McDonald’s que sólo vende pequeños conos de insípida nieve. Aún sobreviven algunos negocios locales que tienen años en esa calle, pero nada muy distintivo de la pequeña ciudad donde se encuentra esa calle peatonal.
Se nota mucho la diferencia que hay entre caminar en calles así, que son idénticas a pasillos comerciales con tiendas que se pueden encontrar en cualquier otra ciudad, a por ejemplo las calles de Cholula, en Puebla, donde puedes entrar a una tienda donde encuentras los muchos dulces típicos que tiene la ciudad, o a un restaurante de comida típica, a una fonda de por ahí cerca; seguir caminando y llegar a pequeños comercios donde muestran sus artesanías hechas por los escultores de la ciudad.
O caminar por las calles de San Miguel de Allende que cierran el paso a los vehículos para darle preferencia a las personas que caminan por el centro, descubrir andando entre sus calles que en su inmensa mayoría se muestran cosas típicas del lugar, pequeños locales donde se pueden comprar puros hechos allí mismo; las iglesias antiguas, los hostales, las joyerías, caminar por la plaza y encontrarse con la bella fachada de su viejo mercado, llegar a otra iglesia y encontrarse en sus afueras a un vendedor de nieve de queso; entrar a comer a una pequeña fonda para descubrir en sus murales y en su decorado la historia taurina del lugar.
O caminar por las calles peatonales de León y encontrarse con una pequeña feria del libro, los hostales, las boticas, los restaurantes que tienen años asentados allí, las cantinas de más de un siglo, los niños jugando con el agua de la fuente de los leones, descubrir las placas conmemorativas que te cuentan la historia de la ciudad mientras caminas por ella, mirar y aprender su historia en sus edificios, concluir el día sentados a lado de una pareja de adultos mayores que alimentan las palomas que llegan volando a ellos mientras miran el atardecer.
Palacio Municipal de León, Guanajuato.
Palacio Municipal de León, Guanajuato.

No hace falta llenar nuestras calles de franquicias si nuestras tradiciones, artesanías, dulces y comida pueden enamorar al caminante de nuestra ciudad, motivarlo a explorar cada calle, contagiarlo de ganas de volver. Es gigante la brecha que existe entre estas diferentes visiones de las calles peatonales, entre caminar por calles al estilo de meros pasillos de centros comerciales de cualquier lugar, a caminar por la calle Hidalgo, Relox o Mesones en San Miguel de Allende; o Miguel Hidalgo, Francisco I. Madero o 5 de mayo en León, Guanajuato. Esa es la marcada diferencia entre ambas visiones de calles peatonales donde una denota una mayor perspectiva para obtener el mayor beneficio económico creando un pasillo comercial; mientras que la otra, nos muestra una perspectiva más social y más humana.

[1] Cornejo Portugal, Inés. (2007) El lugar de los encuentros: comunicación y cultura en un centro comercial. Universidad Iberoamericana; México, DF. Página 98.
Rocha Solis, Julio (2015) "Perspectivas distintas sobre la peatonalización." Animal Político. http://www.animalpolitico.com/blogueros-zoon-peaton/2015/11/11/perspectivas-distintas-sobre-la-peatonalizacion/