domingo, 12 de abril de 2015

Treinta minutos

Algo sucedió que, después de treinta minutos de haberla conocido ella me besó como si fuera el amor de su vida.

Jamás la volví a ver...

martes, 24 de febrero de 2015

Le chat et l'innocent qu'a pensé endormir plus que le chat

Querer e incluso intentar ganar a un gato en una competencia de quien de los dos puede dormir más hasta el desfallecimiento ha sido una de las ocurrencias y locuras más absurdas que por mi vida he hecho. La sola idea de pensarlo o tener un plan y una estrategia bien planificada en la mente sobre tan tonto atrevimiento me ha hecho pecar de ingenuo y caer en cuenta de ello después de tan largas jornadas de competencia sin lograr siquiera acércame o moverle un pelo a lo que un gato puede dormir en un día cualquiera.

Lo miraba de reojo, lo miraba recostado, hecho bolita, con sus relucientes bigotes y sus pequeñas garras formando una equis para tapar sus ojos amarillos y el alucinante (y a la vez relajante) ronroneo en un constante y armónico ritmo. De vez en cuando algo nos hacía despertar al mismo tiempo y nuestras miradas se cruzaban tan solo para dar la vuelta y continuar la competencia sin darle mayor importancia al ruido que nos levantó de nuestro letargo.

A veces luchábamos espalda a espalda, garra contra mano, ronroneo contra ronquido (aun que por simple estética tenia todas las de perder contra su ronroneo y su manita afelpada con largas uñas). A veces nos encontrábamos al despertar, nos encontrábamos en los amaneceres, atardeceres, del crepúsculo al amanecer. Y fueron muchas las veces las que nos encontramos entre sueños, en casi todos ellos aunque no tengo la certeza de que un gato sueñe pero sí tengo la seguridad de que puedo soñar con él, con sus maullidos, su mirada, su cola moviéndose, su particular forma de pedirme las cosas y ese ronroneo que simplemente hechiza.

Intentar querer ganar a mi gato a dormir fue absurdo, ingenuo y aun así a sido una de las cosas que más me ha gustado porque, de una manera casi inexplicable, logramos compartir los sueños.

sábado, 14 de febrero de 2015

Les Petits Chats

Existimos personas que compartimos la peculiar personalidad de los gatos. Esos leones, tigres o panteras en miniatura, ronroneadoras, de ojos de colores (en azul, verde, amarillo, café o heterocromaticos) con su muy singular idioma de miau-miau y que se escabullen por el más mínimo espacio.
Existimos personas demasiado independientes, de esas que no necesitan de nadie; que si estás, bien y si no, también. Que nos sentimos que pertenecemos al mundo entero y no tan solo a un territorio demasiado limitado llamado casa, familia, amigos, sociedad. Que venimos cuando queremos y nos vamos cuando así lo hemos decidido, ¿Volver? Quizá, pero no esperes de pie.
Y aun así, existen otras muchas personas enamoradas de nosotros, de nuestra personalidad misteriosa, agradable pero con ese toque de “no te necesito” que los hace entrar en la desesperación de no poder tenernos para siempre. Nos quieren capturar y tenernos en cautiverio, engordarnos y ponernos un gran cascabel dorado con un collar rojo para al fin saber por donde andamos y hacia donde nos dirigimos. Y le quitan todo el encanto a nuestra personalidad, a nuestra forma natural de ser y no entienden que no somos ni nos parecemos al pequeño zorro del Principito que anhelaba ser domesticado por él. j
Te perteneceremos, cuando así lo hayamos decidido, y será para siempre, mucho más allá de lo que hubieras creído. Miau-miau…


j  “- Qu'est-ce que signifie "apprivoiser" ?  - C'est une chose trop oubliée, dit le renard. Ça signifie "créer des liens..." - Créer des liens ? - Bien sûr, dit le renard. Tu n'es encore pour moi qu'un petit garçon tout semblable à cent mille petits garçons. Et je n'ai pas besoin de toi. Et tu n'as pas besoin de moi non plus. Je ne suis pour toi qu'un renard semblable à cent mille renards. Mais, si tu m'apprivoises, nous aurons besoin l'un de l'autre. Tu seras pour moi unique au monde. Je serai pour toi unique au monde... - Je commence à comprendre, dit le petit prince. Il y a une fleur... je crois qu'elle m'a apprivoisé...” Antoine de Saint-Exupéry. (1999). Le Petit Prince. France: Éditions Gallimard. P. 71